PENSANDO
INTENSAMENTE
La
persona que quiere hacer profesión de humildad y modestia y tener un exterior
formal y sereno, tiene que conseguir que sus ojos sean dulces, pacíficos y
comedidos.
Dice
el Sabio que a menudo se conoce por los ojos lo que uno lleva en el fondo del
alma, su bondad o su mala disposición; y si bien no es enteramente seguro, sí
suele ser una señal bastante corriente. Por esto, uno de los primeros cuidados
que hay que tener en cuanto a lo exterior, es el de componer los ojos y regular
el modo de mirar.
La
persona que quiere hacer profesión de humildad y modestia y tener un exterior
formal y sereno, tiene que conseguir que sus ojos sean dulces, pacíficos y
comedidos.
Aquellos
a quienes la naturaleza les ha negado esta ventaja y no gozan, por tanto, de
dicho atractivo, deben esforzarse por corregir tal carencia mediante cierta
compostura risueña y modesta, cuidando que sus ojos no resulten más
desagradables [aún] por su negligencia.
Los
hay con ojos terribles, que revelan un hombre encolerizado o violento; otros
los tienen excesivamente abiertos y miran con osadía: es señal de espíritus
insolentes, que no respetan a nadie.
A
veces algunos tienen ojos extraviados, que nunca se detienen y miran sin parar
a un lado y a otro: es típico de espíritus ligeros. Otros, en alguna ocasión,
tienen los ojos tan fijos en un objeto que parece que quieren devorarlo con la
mirada; y, no obstante, sucede a menudo que tales individuos no prestan la
mínima atención al objeto que tienen delante: de ordinario son personas que
están pensando intensamente en algún negocio que les interesa mucho más; o bien
divagan sin detener su mente en cosa concreta.

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